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Mi primer año sin Reyes Magos


Y es que hay cosas que no valoras lo suficiente hasta que las tienes lejos, que no quiere decir que no las tengas, pero no las sientes como antes, cercanas, tocándolas. Este año no hay reyes, ni cabalgata, ni roscón, ni regalos el 6 por la mañana bajo el árbol. Aunque en Italia el 6 de enero es festivo, y era de esperar que en un país “tan cristiano” y con el vaticano como estado integrado dentro de la ciudad en la que vivo desde hace ya casi un año (madre mía tanto??!!!), hubiese tres señores magos recorriendo Via del Corso sobre sus camellos y entregando oro, incienso y mirra en un belén viviente que temblase en las sombras del Coliseo… no es así. Y es que como decía, y lo repito porque aun no he terminado de creérmelo: este año no hay reyes, ni cabalgata, ni roscón, ni regalos el 6 por la mañana bajo el árbol… ni nada.

A Italia viene la befana, que es una bruja vieja que trae dones a los que han sido buenos y carbón a los que no lo han sido tanto. Por si no teníamos bastante con el gordo de rojo destrozando nuestras tradiciones aquí tenemos a esta viejecita que destrona a sus majestades reales y deja a los niños italianos (y a los que ya no lo somos tanto pero nos sentimos igualmente inocentes el día de reyes) con un par de caramelos dentro de un calcetín o un trozo de turrón dulce. Y ya está.

De todos modos, como no soy de las que se pierde las cosas, y me gusta integrarme en la vida del país que habito iré a conocer a esta befana a la Plaza Navona mañana por la mañana. Y ya os contaré la experiencia.

Los que estáis en España, saludar a Melchor, Gaspar y Baltasar de mi parte, y si me dejasen algo bajo el árbol, ¿podríais mandármelo por correo?

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2 Responses to “Mi primer año sin Reyes Magos”

  1. Anonymous

    Ayer, desde medio día, cuando comenzó a brillar la hoguera que en lo alto del monte Bolón se enciende desde hace ya muchos años, para indicar a sus majestades los magos el camino que deben seguir para llegar hasta Elda, comencé a repetir para mis adentros: “¡que no se me olvide!, ¡que no se me olvide!, tengo que dar el recado a los reyes”.
    Y por fin, pasadas ya las nueve de la noche, cuando el cometido real había concluido en nuestra ciudad, fuí corriendo a la salida de Elda. Los alcancé a la altura de la nueva fuente y les dije: “por favor, ya que vais hacia el este no olvideis, aunque tengais que desviaros un poco de vuestro camino, pasaros por casa de mi niña. Esta lejos, en Roma, pero no os será difícil encontrarla porque el resplandor de su ilusión os guiará. Llevarle nuestro cariño y nuestro pequeño regalo. Se que lo haréis”.
    Baltasar, el morenito, que siempre fué nuestro favorito, se volvió, y a la vez que sus ojos y su blanca dentadura se iluminaba con las luces de la fuente, dijo: “no te preocupes, yo la encontraré. Tu hija tendrá sus reyes”.
    ¿CUMPLIÓ?

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